sábado, 9 de abril de 2011








Mientras se pliega el cielo











[28 poemas de Carlos Mamonde]






















I.
Acaso soy un bosque de añejos negros árboles y
negra luz callada que enfatiza la noche. Yo soy
el extraviado en el centro del mundo.

Pero si, alta en el riesgo, fervorosa te atreves
al resplandor, la guerra, mi soledad bruñida... agua
de la hondura, aurora de lo incierto...
en el tinto boscaje, al pie del roble húmedo,
las trepadoras rosas hablarán de su enigma...

Estoy amenazado por el felino tiempo, la voraz melodía
que carcome las puertas...y  la ciega esperanza desprecia
como a una hierba inútil;...duermo
en gravedad, hastiado de mi forma,
la gravedad y el alba que engendrara tu asombro...

Haz que estalle el silencio que respiran las rosas
y que decline el miedo en tus ojos perfectos
y tu voz poderosa arrase la espesura...

Pero si, ebria de riesgo, fervorosa te atreves;
requiero tu lectura en el centro del texto:
tu voz que abra el sentido, el placer y el vacío
y vulnere penumbras y acaricie las frondas...
donde el bosque es el linde de una luz que devora
y el poema se embosca en su voz inhumana.






II.
Acaso el día es demasiado salvaje
para el frío relato del hombre
y el ardor de su lámpara estalla cicatrices
en  labios de la virgen la más bella

¿Acaso trae el día felices mapas,
redentora armonía en
su luz de gran pájaro?

Solo el viento presiente su memoria...
la carga con su sal, su voz airada, y
muerde el sueño del viäje...

entonces se iza el día como el morir  y
abrasa
ese sueño pueril,
la visión más amada...

el lujo ocioso de la consumación.




III.
Asido al corazón sobre el abismo, al viento
el alma, el ojo ensimismado...
veo la luz de nieve de la muerte, la luz, la única
trizada en los cristales, en el vértigo
con que nombras tu incitación al habla,
con que incitas al nombre
quemante de las cosas...

allí donde tú vives, allí donde no accede
mi historia, esclava por su penumbra ambigua;
allí donde el desuso de la pena...suave pendiente
donde el deseo oxida,
secretas simas de tu voz sin sombra y
expulsa de tu sombra a los esclavos:
abismos donde el camino cesa
y el tiempo acantilado nos arrastra...si
tu amor no estallara entre la bruma,

si tu amor no estallara y restañara
el agua del demonio allí en la poza...

Tú, la absoluta, sálvame:
desátame...y el eco de tu risa me desguace.








IV.
amanece: los dioses acuchillan y hieren y
asaetan preguntas que trizan y que ofenden;
ocultémonos ya: la vida está erizada de sueños y el aire
de deseo erizado; amada, que no escuchen
al deseo de vivir, los sueños del deseo...
que han abierto el infierno y
engañosas leyendas cuajadas de esperanza abaten
con sus filos

y los vientos del alba golpean nuestra casa
con clac-clac de muerte y alegría...entonces
te levantas y miras con tus ojos puros,
te yergues y preguntas, pueril, como
pregunta el fuego dónde morder al tiempo...

preguntas: ¿has oído al volcán de la solemne Historia
estremeciendo al viento, el pubis, la memoria?...
mírame, amado , ¿sabes que el amor y el infierno
son espejos de fábula?; ¿por qué duermes ahora
cuando la voz pregunta...por nosotros inquiere?

Por ti cuando, salvaje , falseaste ante los dioses:
“esa mujer ha muerto, zozobró entre mis fauces...”
para quemar su envidia y salvarme del cielo
que los jueves mancilla mi corazón abierto.

Por mí, hembra de tibio vuelo de naranja; tu joya,
la que emigra al simún, la borrasca, al clavel aterido...
al sitio donde pueden ser de cristal mis sienes,
ser de duda tus pechos, ser embriaguez tus ojos;
y ocultar mi respuesta: ...luz

luz alzada y mía.
No traicione tu boca nuestro mutuo destino,
no traicione mi lengua la paz que hallo en tu lengua...





V.
Inciertas madrugadas de la roída plata,
amarga brisa en  la ventana, un frío
de la muerte
y  nieve mira
y es el halcón... el sacre,
el neblí ominoso que
a tus pechos osa;
montes ignaros como la inocencia,
leves
cómo la certidumbre
que en los cantiles muere...
y,
en  tu estremecido pelo, una bandera negra
de sufrimiento súbito asevera y

clava entre los ojos la  verdad
de la muerte
el cirio por un mundo enfermo
la canción de una rosa por el tiempo arrasada...






VI.
Delante del espejo hay geometrías
y tras su simetría se derrama el deseo

y el río del deseo arrastra el caos
de la mujer y el hombre, de su sombra...
hacia ninguna parte, hacia la niebla ardiente
y la encía de herrumbre en triste carne

¿es posible pensar ante el espejo
la forma de la música, la ilusión de una historia,
su ingrávida intemperie, su abandono...?





VIII.
Plomo del horizonte, línea muerta,
allí su sien declina lo vivido
el pálido destino que el exilio
sobre las frutas atiza con el dedo

y la búsqueda urgente de mi sombra
entre los montes decae como el día

el arenal acecha con su tizne y
el temblor de la luz se escarcha y muere.






IX.
Caído en la memoria y el olvido
el árbol y mi cuerpo y sombra de ambos
se niegan al rocío de la pena
y eluden del tiempo su destajo

vana lágrima canta en el ramaje

y en el valle niebla
niebla
y amortaja.







X.
Mirar la vena lenta, el arduo río,
sin rencor ni nostalgias, sin ya pánico
ni escandalizado corazón por su cinismo:
si tanto prometió, tanto ha incumplido
la sombra más jovial, la ya caduca
y gélida promesa de los días...

la carne va cumpliendo la sentencia
que ignora el sinsentido...
y nada importa ya: el mar es ciego
y el ruido de la lumbre oro tedioso

arde el amor inútil en su fiesta
de pena y de ceniza y de voz yerta...

harapos de los perros la alegría...






XI.
Yo he sido aquel que en la niebla vio luces
y en tus huesos la música de oro que traías
al alba de tus sueños de miel alucinante...

traías de una playa que exhumas de la nada
de historias de temblor que tu deseo alza.

He visto entre la niebla tu corazón en brasas
quemando los estratos de infierno y de hojarascas.

Y en el año terrible del síncope del mundo
el agua de tu alma bautizó las palabras...




XII.
Después del amor
dignísima
tornas la página

recién venida eres
de risas que purifican
el peso del ánima y el ojo
cansado de los romos años
bajo un toldo de añil  cielos inhumanos...


de nuevo hierba fresquísima
parece tu cabeza renacida
del torpe abrazo mío
la más alta alabanza de carne peregrina

que mi aullido sacude y
te arranca del tiempo...







XIII.
Acaso si en precario
escribimos las horas,
así nos sepultamos en un agua de ausencia
a la espera del alba que nos llame
y destruya
como historia de polvo
y de violencia honda

y del corazón euforia
y del alma certeza
jamás recuperar
del tiempo que extravía...






XIV.
Como agua y oro arde la luz
ardiente
fluida lengua
voz que desmiembra

y abrasa en toda cosa y
en labios abrasados mata
su soledad callada

ya la vencida sombra cae

ya labios de luz muy amorosa
queman la niebla de mi boca
abren la noche de mis ojos



XV.

Mi miedo es el misterio
la palabra escondida
en la flor de tu cuello

porque transitas queda
el caracol del tiempo
con una voz sonriente
que es tu coraje izado
ante el trueno y la muerte

si bebiera tu alma a sorbos de agua pura
moriría mi miedo
de toda muerte a salvo.




XVI.
Tiene de tu cuerpo
la gravedad el día

donde mi vida embate
por la sed de tu alma

donde el dolor decae, allí
tu paraíso

donde la palabra se abre, allí
tu música de miel humana

...por la sed de tu sombra
existo, me debato,
crispo
la flor azul
la lluvia clara.





XVII.
Oyendo  las tormentas

El recuerdo del amor aún crepita
ardiente zarza en la fronda del pecho

como deseo como piedad como deseo
la emoción de tu piel el tacto, espanto, y

pasa  y pasa el tiempo...se enajena del alma
se derrama
en aterido río detenido
y sigo andando la nostalgia oscura
oyendo tempestades como lágrimas:

...pongo la cena para ti
joven nocturna, muerte, acompaña mi obsceno
corazón y
tienta
en tu cuello mis besos y mi euforia

ya no cabe escribir ya sólo cabe
un llano desvivirse en el ovillo,
orando, recordando, orando
los amores perdidos

En laguna de amor yace la vida
y en la tormenta lívida es más lívida...







XVIII.

Si acaso la luz tiende su agua clara
sobre la casa
el prado
tu frente de narciso

cuando caen las horas
luz de enigma olorosa

si la luz se arrebuja
en torno a tu garganta
de luna desceñida

fidelísimos cielos
tus ojos me arrebatan...





XIX.
Un cielo de rodillas
decae entre montañas

y es tu fiebre
un jardín aterido
del corazón
vano refugio

leve tormento fiebre...
en tu mirada
el color del invierno.


XX.
En el peldaño de la tarde
el ansia alza sus anclas

tiembla

el alma
entre la trampa
del voraz pensamiento...






XXI.
En este mundo viejo y ya tan pobre
se oculta una vena de verdad
un tesoro fatal para los tristes
el río ardiente que da sed

tiembla en la vega más allá del crimen
una brizna de lujuria perseguida
la única práctica negada y subversiva

sé por tus mapas que abres el sendero
a quien te besa y contigo se aparea...








XXII.
Cita en mitad del siglo

Hay una cita en mitad del día
hay una cita en la fiesta de la noche...
hay un relámpago ambiguo que te mira
desde el agua cruenta de unas pocas ventanas

y una nostalgia de lo nunca sido
y de lo violentamente arrebatado

escucha respirar la incertidumbre,
perro abatido por óptimas navajas,
que luce esperanza en sus pupilas:

no hay un texto más triste que mi sangre
ni música perdida que tu gracia...





XXIII.
Fracasa el vegetal en su frescura,
tan pariente del agua,  de la luz, la victoria;

y el amor se corrompe en las estancias
donde la bronca siesta de la muerte
alza su música de lengua sometida
su dulce claustro de sombra ineludible...

y el tiempo, más triste que tus tristes ojos,
retuerce los herrajes con ternura
y lanza batallas numerosas
a la tibia confianza de los cuerpos.




XXIV.
Noche,
         nocturna,
                   mancha...
En tu extinción sin cara,
se repite ese ritmo que enmascara los días...

y es una riada de dolor lo oscuro
de las voces quedas y los años, flecos
que los jueves se estancan y extravían
de noches rezagadas, de memoria
y deseos que degüella el alba
obscena de presagios, pies desnudos, mendacidad
dorada de la fuga...




XXV.
Sólo la fuga es la heredad del hombre,
sus flores de azar y de delirio...,
la unción extrema de una canción absurda
en los labios del cómplice y la víctima

anzuelos de oro son tus pechos firmes
para librarme de la corriente yerta
donde lo agrio su tormenta fluye...

desnuda del poder y el sinsentido
vuelve tus ojos un instante sólo
sobre el texto harapiento, vana lluvia,
donde intento anclar mi nadería...

vuelve tus ojos y tu amor que espanta
el yerro de mis pasos, la esperanza...





XXVI.
No alcanzaré tus ojos que me otean
y pasan a mi lado por el filo, bosque de angustias,
jardines humillados por la ira, ciudades
absortas en lo estéril...

no miraré tus ojos si me niegan

¿acaso no he deseado tentación y relámpagos;
deseos suficientes y rebeldes y
yacer en ti misma, en tu sangre de pavor y de ángel,
de modo que el abrazo blasfemara...?

ya comprendo que el amor ha caído
en el texto siniestro de los sacerdotes...






XXVII.
Ya todo se ha vivido y la ebriedad del alba
rezuma su silencio domado de vacío...

eres fruto terrible de lo maravilloso,
aunque bocas de sombra murmuran al oído:
         no ocultes ya tus ojos a la caída y piensa
                   que si una extraña tuvo el fulgor de tu historia
                            amó el agua de pena no el viento de tu risa...
y ausculta tu reflejo como auscultas la sístole
que es la noche en tu noche y apacienta los días

ya todo se ha vivido y la ebriedad del alba
rezuma su silencio, domado y casi ciego,
en las casas vacías de los nombres perdidos;
que quemaron su escándalo y albricias de frescura
y  nubes de sus senos...
y huesos musicales,
su emocionante gloria:
hoy apenas arena entre hiel y rutina
         Eres fruto terrible de lo maravilloso:
                   consuela los vestigios de lo sido y lo tibio;
                            de la vana promesa, de los ecos del eco...
que derrotan del sueño su falsía y su fuego





XXVIII.

Bebe la intemperie el cielo
y come la montaña; todo sitio
donde el hombre sueña

bebe el hueso la piel con su premura,
bebe al deseo y al desborde vano
del día en la hermosura y en su pánico...

y a la límpida y vacía luna
bebe su luz, donde el deseo implora,
donde la boca dice su embriaguez sonora
y al silencio donde el verbo anuda
su baladí misterio de lo ciego

bebe la intemperie ese vacío:
cielo donde la carne husmea
la arena enferma de la luna muerta...

© carlosmamonde




martes, 5 de abril de 2011

“¿Para qué poetas, en tiempos de penurias?”


Siempre es más virtuoso y productivo el leer que el escribir.

 Y como leer es dialogar, ínsitamente: he vuelto a releer e interrogar a Hölderlin.
Y, releyéndolo, recordé (estas asociaciones no voluntarias acaso tienen raíces secretas)…recordé una oportunidad en que -por un aniversario de Rilke- pidieron a Heidegger que hablara de  su poesía. La verdad es que Heidegger habló más entonces de Holderlin (porque todos sabemos ya cuán poderosa es la luz del Holderlin en el Heidegger que escribe en la década del ’30) y aquel día se centró especialmente en meditar en alta voz sobre algunos versos de la elegía “Pan y Vino”, del libro Hyperion:

“(…)¿para qué poetas en tiempos de penurias;
¡para cantar la huída de los dioses!...[ * ]
“(…) en época de errancia, de los otros ausentes…
(…) los dioses han huido…
Apolo, Hércules, Dionisos, abandonaron el mundo;
Desde entonces el día camina a su extinción, en la noche, en
Occidente.
(…) ¡Ya el dios no reúne en torno a sí!.

(Es obvio que estamos ante la sombra del poema original en alemán. Traducción es traición, ya se sabe.
Pero, también valoremos lo paradójico de que  esta primera sombra enfatiza nuestras intuiciones sobre la inestabilidad de lo real, aún en el propio lenguaje)
Y recordemos, de paso, la sugestiva etimología de occidente, coincidente con occisos = muerte…el sitio de la muerte de la luz solar ¿ de toda muerte?.

[ * ] Antes de continuar aclaremos que hablar de los dioses, en estos autores, no es referirse a ningún dios que exija una religión, una adoración, una iglesia. Es sólo (¿sólo?) la presencia simbólica de los dioses griegos, como importantes sustentadores del sentido. Entre otras significaciones “sentido” quiere decir que un mundo que tiene conciencia de lo sagrado –que percibe esa categoría numinosa- es una realidad plena, exultante. No hablamos entonces del dios de los sacerdotes, los beatos. Por eso debiéramos leer: “Ya el dios (no da sentido) en torno a sí”].

Pienso entonces que, en la Historia, se ha apagado el esplendor de la Humanidad. Es el tiempo de la indigencia. De la errancia. Es tan pobre ya el mundo que ya nadie se da cuenta de la falta de los dioses.
 Ni siquiera la falta es advertida.
 Y en épocas de penuria (cito a Heidegger) “falta hasta el suelo / abismo donde precipitarse”. Parece que sólo nos resta la tarea de experimentar y soportar el abismo y lo real.(1) Y este crepúsculo no será breve. Dice Heidegger: “Largo es el tiempo… pero acontece lo verdadero”. (¿Podremos llegar a reflexionar sobre el segundo término de esta oración bimembre?).
Aparecería entonces la pérdida del aura, de la identidad, de la investidura sagrada de la cosa…del fundamento de lo ético.
Y en la pérdida de la identidad, el Otro ha quedado reducido apenas a  fantasma, a semblante (M. Buber).
 Estas son consecuencias de la imposibilidad de una certidumbre donde forjar y anclar nuestro sujeto, nuestra subjetividad.
Si ya somos semblante, apenas somos ya un síntoma del ser.
Parecería, entonces, que en este tiempo de huída de los dioses –nuestro tiempo contemporáneo- el Otro ya no existe sino como semblante. Estamos ante momentos de final, porque el mundo no está en simple crisis sino que estamos en tiempos de consumación (Heidegger)…tiempos de desvanecimiento del sujeto y los objetos en la trivial virtualidad.
Estamos en tiempo de desplazamiento de lo sagrado hacia el discurso de la ciencia /tecnología en el establecimiento de lo que es real.
¿Parece que esta época se coronará de angustia?.
¿Y el ser será un interrogante…ahogándose en la virtualización?.
Es que estamos en la época de la imagen del mundo…cuando el ser se vuelve imagen (Heidegger).
El concepto “época” es importante…no debemos pensar en un fin de un momento histórico determinado. Heidegger lo toma de la fenomenología de Husserl. Para Heidegger “época” se funda / define  en tres conceptos:
1.      un concepto del ente
2.      un concepto de la cosa
3.      un concepto de la verdad.
“Epoca” no es una idea historiográfica, sino metafísica. Se produce un cambio epocal cuando cambian los conceptos 2) y 3).
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(1)-(Nota al margen: Curiosidades de los ríos subterráneos del pensamiento: hay otro “maestro de la sospecha” –que nada tiene que ver con los sabios citados- que viene desde otros discursos a expresarse en coincidencia: “Todo lo sólido va a desvanecerse en el mundo por la presión de la mercancía” [A. Gramsci. “Scritti.VI”].
Y también Max Weber nos recordará “El carisma, lo simbólico, está siendo mermado por la técnica, por el capital”.Curiosidades de miradas heterogéneas que advierten épocas de desvanecimiento y merma…)

Y ciertamente estos elementos sustantivos ( la cosa y la verdad) están borrados, desvanecidos o eclipsados en el momento del tiempo en que vivimos. En esta época de penuria hay que soportar al abismo. Como se soporta a un síntoma.
Si hay crisis, no se trata de una crisis subjetiva o epistemológica…sino de una crisis ontológica, de mudanza del ser. Y es que no hay crisis, sino un tiempo de consumación.
Vivimos un tiempo de consumación. (Pero no es el fin de la Historia [cfr. F. Fukuyama] ni es el Apocalipsis profetizado en las Escrituras judeocristianas. Esto, acaso, sería menos insoportable).
Este “final” actuante  de nuestra coetaneidad es crisis de lo real que se dibuja sobre la angustia. Se está produciendo una torsión de lo real metafísico (lo percibido por 25 siglos de Metafísica, desde el platonismo al hegelianismo).
Escribe Heidegger que “Se consuma el tiempo. Este es un tiempo que está en el tiempo pero consuma y congela al Tiempo”.
Y, si el tiempo se ha consumado, nace la decadencia.
Porque en toda crisis aún se puede restaurar algo. Pero en la consumación hay desfondamiento del ser sobre el vértigo del abismo.
Ya no se puede invocar a ningún dios ni a ningún ídolo.
 Ya no se puede sostener plegaria alguna.
Ya no se puede sostener ningún sujeto.
Ya no se puede sostener ningún saber.
 Ya no se puede sostener conciencia de certezas.
Pero el tiempo de la consumación durará mucho tiempo…la consumación es indeterminada.
De la consumación sólo se puede salir por arriba, no se puede regresar ni se puede avanzar (Nietzsche).
Y la consumación es brutal, desaparece la relación sujeto-objeto. Permanece un fantasma de relación espejo-objeto.
Nuestra sangre se ha derramado bajo el triste cuchillo de la frase de Hegel “todo lo racional es real y todo lo real es racional” (aquella frase de la que burló Kierkegaard: ”(…) esta reconciliación sólo existe en la cabeza de Hegel”, dijo. ¡Pero la comicidad es insuficiente para el quebrantamiento de la apariencia!)
Y la consumación es brutal: desaparece El Otro. Pero aunque el Otro no exista, los mandatos persisten. Y los mandatos del Poder (asidos al eje logo-onto-teológico) serán crecientes, tiránicos, extremos…porque intentan cerrar la ruptura, la ausencia, la falta…la fisura inicial (un intento que fracasa y, en la repetición, fracasa y fracasa y f…)
Porque un día la filosofía se convirtió en metafísica…y nació el Occidente y el sendero erróneo. Pero hoy, el final de la metafísica ya no puede sino ser planetario.
Porque ahora es el día de la consumación del tiempo que rompió la unidad de la cosa y el concepto, prístina ligazón inescindible. Aquel tiempo en que podíamos meter las manos en lo real y tocar la cosa misma, sin la traición de las mediaciones. Y sin humillarnos en el ara de la justificación.
¿Nostalgia del “dios que reunía todo ser en el ser”?.
El dios que hubiese permitido a Heidegger prosperar en su idea de traducir la certidumbre real de Parménides diciendo su famosa inteligibilidad “ente:ser”. Y ya nunca jamás repetir el crimen de las traducciones que son aporía fatal: “el ente es el ser” o “el ente y el ser” o “el ente con el ser”.
“Ente/ dos puntos/ ser”…que podría haber evitado el riesgo de la consumación epocal.
Tal vez el primer paso por el sendero de la falacia fue un fallo de Aristóteles la torpe mañana en que pensó aquella frase (tan trivial en su apariencia) preguntándose: “¿Es lo mismo Coristo en el ágora que Coristo en el liceo?”. Y se respondió perversamente: “Es lo mismo pero distinto”.
¡Instante enfermo de parición de la esencia y el accidente. Amanecer cruel de la duplicidad. Ebriedad grosera del dualismo!
Y la aporía degradante del aristotelismo demandó un Dios, ya nunca un dios, que sustentara esa determinada concepción de lo real como recta inteligibilidad. Como ortodoxia.
Y en el eterno retorno, vuelve la compulsión de la repetición de la pregunta de Hölderlin:
“¿para qué poetas en tiempos de penurias?”
Si no es una crisis que permita reparación. Si estamos en el tiempo de la consumación.¿Para qué poetas…?.
¿… ?
¿Sólo podríamos articular (o ¿sólo podríamos desear?) que hubiese un diferimiento derridiano en el orden de lo simbólico, repitiendo compulsivamente a Nietzsche: “(…) yo creería en un dios que supiera bailar”. O repitiendo compulsivamente la débil intuición hölderliniana: “(…) atención al rastro de los dioses huídos”?
…yo creería en un dios que supiese bailar atención al rastro de los dioses huidos que supiesen bailar  yo creería en el rastro del bailar de un dios que huido supiese yo…
Etcétera.   Sine die.
Porque“largo es el Tiempo, pero acontece lo verdadero”.


©carlosmamonde

viernes, 18 de marzo de 2011

Stormy weather
Desde el bosque, en silencio... emboscado en la fronda...
Sopla el  mal   Sobre los mares, sobre los niños, sobre los amantes y
los ángeles vencidos, sopla.  Sobre las ciudades arrecia su tormenta.
El silencio.
El aire tormentoso que socava los nidos… donde la Historia pare
sus ficciones terribles.

Si acaso un solo instante su boca venenosa la
verdad propagase...entonces tú y yo, y el humo
más tozudo que nos cruje en la sangre,
seríamos  el agua, o la nieve o la penetración perfecta de las ingles
donde la naturaleza esculpe –en la fisura mutua- toda nada que roe...

¿Podríamos acaso, si el aire se callase, aprender a ser buenos?

¿Qué significa esto?, ¿qué vale la bondad besada por el Tiempo?...

¿Qué vale la victoria aterida del viento, emboscada en la sangre...
cuando la ausencia arrecia en las frondas y mares...?. Y en la roída noche
toda pregunta es hueca y en su oquedad se ahueca
el malvado silencio...de la voz más amada.
©carlosmamonde

miércoles, 9 de febrero de 2011

POEMAS PARA UNA CASA SOLA


Poema uno

Esa casa del niño hecha de verde hierba
y árboles nadando el destiempo del tiempo
que gritaba tu fuga
tu señorial dominio de la luz y los ríos

tus canciones de seda entre tus muslos de aire
colmados del deseo y de perlas y de tristes naranjas y de pianos insomnes…


Poema dos


El cielo de esa casa soplaba de tu boca  como un rocío alegre
‘molto allegro ‘vivace
en la tormenta helada que deslumbra a los muertos en lo torvo del día

desflorando la gracia de la materia exhausta
y el número secreto de los versos que salvan…

La casa ya derrumba su compleja armonía
y el desorden sublime de la hierba me embriaga.



Poema tres

Al abrir tu discurso y sus sensatos goznes
todo milagro expuesto cayó bajo tus sueños…


quebraste el aura roja de una  manzana única
y el aire rutilante con que  vistiera el día
el jardín de la casa.
Y la curva más dócil… agonizó en el río…


Soñaste tu cuchilla y su torva sintaxis
y toda cosa expuesta clausuró su deseo
y aún la epifanía con que pisas la hierba.


Ni el perfume vencido del huerto de manzanas
ni azúcar de tu lengua castigando la mía
soportan la vacía presión de tu relato;
o el espejo vibrante que tus clarines traen
a burlar mi caída…

Y soñaste cuchillas de incertidumbre y hielo
ahogaste el transcurrir con tus dioses que abaten.

Todo fue destronado en nuestra casa sola.

Y se rompió la sombra y la luz y la gracia…

aún antes del goce y del torpe bullicio
que la esperanza gime cuando muerde en la boca.



Ni el vencido perfume del huerto de manzanas
columpia sus banderas cuando  la luz desangra…


Anemia de la vida bajo el texto.



Poema cuatro

Yo soy el perro que husmea y amenaza
el que espanta hacia el miedo bandadas de palabras
que se rompen las alas entrechocando locas…

sobre un campo de soledad junto a la casa;

campo de  hedor de un invierno sin término.


Sobre ciudades mecidas por el llanto
sobre las huellas de máquinas vencidas…
por el desasosiego del horizonte enfermo
temblando de ira y de locura…vuelan

vuelan las sombras de los cegados versos
y sus exhaustos pájaros les niegan
la torva ascensión del Paraíso
y la ebriedad del viento y del deseo…

En absoluto blanco y en absoluto negro
(en mis ojos de perro no  hay colores)
su música de sal abren tus textos
y los árboles se incendian en tu fiebre…

………………………………………..


¡Todo ha sido escrito…
yo soy el perro que husmea tiritando,
bajo bandadas de palabras y el silencio de los  estorninos!.





Poema cinco

Sobre el tejado  y el tañido del viento.

Yo  voy dejando a mis ojos caer
a mis ojos irse, alontanando

y diseminados huyen entre delgadas hojas de la mala hierba…

Ojos de la pálida piedra fugitiva
ojos de una materia que acaso hubiste amado
(¿yo lo sabré…algún día?)

Girando sobre la casa, el viento ya me ha herido…

Y al solo que -de pie, tan solo, permanece-  el viento lo desdeña;

Tormenta de la vida que sopla sobre el polen
y al agrio precipita…
Tu rostro bajo la tormenta  se despide del mío
que va por itinerarios de la pérdida…

y las piedras de molienda de lo amado
y el corazón del insecto egoísta.


Poema seis

Naufragio de la casa en tu memoria
hundimiento en el mar que todo humilla

y se inicia lo fúnebre del día y
todo corre a llorar tu desapego frío.

y todo es polvo de polvorientas risas donde
el alma se escabulle vuelta niña.

Roídos –huérfanos- ojos que se desabrigan de los párpados.


Todo ha sido ya escrito.

La espuma del océano ha violado la casa.


Poema siete

Duelen los dientes en la noche fría
Y oyes el siseo de la espuma

¿o acaso es viento y fuego ese siseo sordo?

que acosa las ventanas y
la noche del bosque  y
el alba de la arena.


En la tarde incierta cuando despojara
la desnudez del alma para venir al sueño,

¿acaso ceñí con toda fuerza
el freno del caballo sometido?

Es la bestia que mira y estremece
sus ijares de luz a la deriva


aterida humillación de su silencio…


Caballo que me lleva al olvido y a la lluvia:

tan lejos de la casa y del coito que hubimos
tan lejos del prado y las manzanas
que se llega hasta el borde del pulmón agotado.

¿Vendrás conmigo al campo donde todo transcurre?
grita el caballo…pero nadie oye.

Y no conoce el bosque su nariz inocente
y piafa la demanda del morir que lo monta

y prepara la derrama del cielo.


Poema ocho

El aire huele quieto en torno de la casa.
El bosque canta enfermo apegado a la lluvia.

Las voces más humanas olvidan mis canciones
y las antiguas piedras  ya veloces se mudan
a tiza y arena muerta y agua negra…

que muerden las verduras que copian a las formas;
mimetizan mis ojos…

y a los sueños y al seno llameante de tu cuerpo,
¡aquel que ayer apenas dulcificaba el aire!.


Nos sentamos, pueriles, sobre abismos del lecho
a mirar en sus fugas la piedra y la madera…
y la boca de araña que teje enamorada.


¡Abre tú ya la puerta para que todo extinga
esa boca de fábula que nos desguaza el cielo…!

……………………………………………..
Acepto tu mirada y reposar en ella.


Poema nueve

Tu tibia mano plancha
la sábana y la muerte

y llevas al armario los gemidos del sexo.

Y toda luz se guarda
debajo del silencio
y barres los insectos que duermen su tristeza

en la casa de ausencia.

Y por tus comisuras de racheado viento
corre aterido un beso
para volverse nieve y doblegada muerte

-Prepararé café-, decides…

prepararás café…
decidida e insólita
a ocupar con tu pecho
la plenitud
y el mundo.

Y el frío te mutila tus dedos que se arrojan
al río que los bebe.

Y en mitad de la noche tañe la casa pura
y tañen tus dientes locos en su vaivén de gloria

la música perpetua donde el infierno abre
sus mapas de la huída y sus flores más frágiles.

La oquedad de los árboles empatiza en el huerto
con las benditas nubes y tu mente que ríe.
………………………………………………..
Yo oculto las campanas para que el dios no espíe…


Poema diez
El agua de la casa escribe versos líquidos
que inyecta en las fisuras del muro y de la carne


Con rotas letras pinta a invisibles poemas
y tus lágrimas sorbe  para trazar el viento…

y el corazón del huerto.

Apenas comprendemos  su sintaxis que inunda
los cuartos como lagos encharcados y solos:

trae peces que alquila a los mares sombríos
y la casa crepita bajo el zumbar del frío…

Si cerramos los grifos fluye helada la sed.


Poema once y final

El agua ya lo sabe y nos lava la pena
y al asalto del cielo sube izando su muerte.
Agua corrupta.
Agua salvífica.
Agua de la imprecación.
Agua del deseo sin linde.
Agua de la consumación de la tarde.
Agua de la palabra degollada…

© carlosmamonde.